Mario Campaña, Devoción por las costumbres de los pájaros. (2019-2024)
Dilema, 2025.
Quimera: Revista de literatura, Nº 502, 2025, págs. 61-61
Este nuevo libro del poeta Mario Campaña (Guayaquil, 1959; residente en España desde 1992) continúa la trayectoria de sus anteriores poemarios en lo que se refiere a los motivos, la dicción poética, las resonancias emotivas, la meditación inherente a los textos. Campaña, a lo largo de su obra, nos ofrece una coherente y singular manera de interpretar el mundo contemporáneo. Entre los aspectos que se aprecian en su poesía se destaca el acento que adquiere la migración: a través de fronteras espaciales, de paisajes, de tiempos. Se podría decir que “las costumbres de los pájaros” mencionadas en el título del libro aluden al vuelo, sobre todo al desplazamiento de las aves migrantes, desplazamiento semejante al de individuos y grupos humanos, especialmente desde los países del sur hacia Europa o Norteamérica. Quienes migran, a menudo sufren las inclemencias de la naturaleza o son objeto de acciones violentas en sus lugares de llegada. Se transforman, adquieren nuevas identidades.
Hay en los poemas del libro una sucesión de idas y vueltas, un constante impulso para cruzar umbrales en búsqueda del futuro y un retornar hacia comienzos, más bien inciertos. El poeta señala esa analogía entre el vuelo de las aves, la migración humana y también el movimiento de la experiencia poética, como también de la vida: “La música y la poesía están siempre / por llegar. Mientras tanto, los pájaros / deben continuar su vuelo”; o: “Mayo de los pájaros, en la mañana y en la infancia.” Notemos de paso que el anterior poemario de Campaña se titula Pájaro de nunca volver.
El libro se inicia con un extenso poema narrativo que empieza con el verso: “Extraña esta pasión de la mente inarmónica.” En principio, esa “mente inarmónica” sugiere el devaneo de un dormitar, que no dormir, aludido en el segundo verso. Este devaneo nos lleva por un entramado que evoca posibles lugares de origen, que relata una navegación por un mar de canoas con cadáveres, a través de aldeas, y a la vez, por sucesivos estados emocionales del protagonista. En este entramado algo caótico, propio del devaneo de la mente inarmónica, hay dos motivos que sobresalen, dado que se reiteran a lo largo del poema: el primero es la increpación a la Madre, figura que puede interpretarse como la Naturaleza, la Historia, como una Eva o Gea, o incluso como Psiquis; en todo caso, un magma originario. El segundo es la pregunta por el lugar de la poesía y en consecuencia del poeta (no, desde luego, la persona del autor, aunque parte de su individualidad, como también de la del lector o lectora, se entreteja con la del personaje, lo que es obvio). Sujetos a la combinación del azar y el determinismo propios de la naturaleza y de la historia, de pronto constatamos que “Ni la quilla ni la prosa gobernamos. / Ni el poema ni la vida.” De ahí la increpación a la Madre, así como las sentencias que el protagonista pronuncia sobre la historia o la poesía.
En los poemas que se suceden a este inicio se despliegan, como en un abanico, los motivos del poema inicial. Entre versos que aluden a la situación catastrófica del mundo actual, aparecen otros que expresan la esperanza de un tránsito, la posibilidad de cruzar umbrales. La poesía, nos dice el poeta, también es profecía. Pero es un modo de profecía que no puede dejar de señalar, junto a la expectativa de metamorfosis, la incertidumbre sobre lo que puede advenir. Igual incertidumbre habrá sobre el pasado, sujeto siempre a interpretaciones. “Y hay lugares sin puertas. / Ni el pasado ni el futuro tienen puertas / sino umbrales”, dice el poeta.
En el poema final, el poeta, citando a Dante, concluye afirmando que “Hasta el próximo mundo / llegaremos / con la somma sapïenza / y el primo amore.”
