Cardenal y Marylin

Al anunciar la concesión del Premio Reina Sofía 2012 a Ernesto Cardenal, el español Luis Antonio de Villena señaló que este reconocimiento hacía justicia a un poeta que había sido postergado durante años por razones extra literarias.

Sergio Ramírez sugirió luego que entre esas razones habría que considerar las tensas relaciones del poeta, sacerdote y revolucionario con la jerarquía de la Iglesia católica. Recordó una imagen que dio la vuelta al mundo en 1983: Juan Pablo II, apenas llegado a Managua, amonestaba severamente a Cardenal, de rodillas ante el Pontífice. Un Papa conservador, que actuaba abiertamente en la escena de la política mundial, amonestaba a un sacerdote por involucrarse en política y adherir a la revolución sandinista. Ese era también un gesto de condena a la teología de la liberación.

“Yendo en el ‘Solentiname’, en la tormenta, hacia Solentiname: / Negro el lago. El cielo negro. / En lo oscuro sólo el brillo de las grandes espumas blancas. / Ya dejamos Ometepe y no sabemos por dónde andamos. / Una lucecita sobre el oleaje, luciérnaga / no puede ser. Una lucecita / lejos sobre el oleaje. / ¿Será otra lancha en el chubasco, perdida como nosotros / o será un puerto?”—dicen unos versos de “Cántico cósmico”.

En medio de los chubascos de la historia, atendemos al fulgor de lo que podría ser un puerto. Mas, ¿qué es un puerto? ¿El lugar al que se arriba o el lugar del que se parte? ¿Un descanso para el huésped? Lo que brilla podría ser solo un señuelo. El porvenir es incierto; las revoluciones acaban, y a veces acaban mal. También las teologías. Pero la vida continúa…

Solentiname: isla, monasterio, barco. Allí Cardenal medita durante años sobre el universo, el tiempo, el planeta, la evolución, los seres humanos y sus afanes. Nace así un vasto poema, ‘Cántico cósmico’. Un libro en la tradición de Lucrecio y de Dante que desconcierta al lector contemporáneo. ¿Lo leerán en el futuro como el ‘De Rerum Natura’ de esta época?, pregunta su compatriota José Coronel Utrecho.

Cosmogonía, teogonía, historia y profecía se imbrican en lo que tal vez sea un testimonio de la unión imposible entre ciencia, religión, política y poesía que caracteriza a nuestra civilización.

En el ‘Cántico’ los versos recuerdan los epigramas y salmos que hicieron de Cardenal un poeta ampliamente conocido en Hispanoamérica. El poeta supo juntar las voces de nuestros días con el legado recibido de diversas tradiciones literarias (bíblica, latina, hispánica, angloamericana).

El Premio le ha sido concedido poco antes de que se cumplan 50 años del suicidio de Marilyn Monroe (agosto 1962), ícono de la cultura mediática. ‘Oración por Marilyn Monroe’ quizá sea el poema más intenso y bello que ha escrito Cardenal. Hoy podemos escucharlo leer al propio poeta, gracias a Internet.


Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección: https://www.elcomercio.com/opinion/cardenal-y-marilyn.html